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SARAJEVO: LA LUCHA POR LA VIDA

Esta conmovedora foto muestra a un chico y su amigo escapando de francotiradores y tratando de salvarse ellos y…¡su perro! Un ejemplo de como la lucha por la vida de los chicos y su perro es puesta en peligro por la lucha por el poder. Julio Fuentes periodista español relata en este artículo el origen de la foto que él mismo tomó. Julio Fuentes, corresponsal de guerra, es muerto un año después de este artículo.

Los francotiradores serbios «trabajan» en más de cuarenta zonas de la capital bosnia, que vive dominada por el terror a la muerte instantánea.

JULIO FUENTES ENVIADO ESPECIAL SARAJEVO.- En el cartel clavado en un árbol de la plaza Bascarsija, situada en la parte vieja de la capital, se lee en letras rojas: «¡Francotiradores. Máximo peligro!». Hay decenas de avisos como éste en las más de cuarenta zonas de «muerte fácil» donde «trabajan» -como dicen en Sarajevo- los francotiradores serbios que operan desde el centro de la ciudad hasta en las primeras líneas urbanas.

Los pasados jueves y viernes, los «snipers» (francotiradores) actuaron desde nuevas posiciones en edificios localizados en zonas urbanas bajo control serbio y lograron matar a un civil y herir a varios. Las unidades «anti-snipers» de los «cascos azules» desplazaron nuevos equipos a los «cotos» recién creados. Los soldados de la ONU escoltaron el paso de los civiles protegiéndoles con sus blindados, o incluso haciendo las veces de autobuses blindados.

El jueves, un tirador serbio atravesó el cuello a un hombre que caminaba ensimismado con un pequeño portafolio por la céntrica calle Titova. El disparo que escuchamos sonó como uno más entre decenas, seco y cercano. El hombre se desplomó violentamente, en completo silencio, con un chorro de sangre brotando a presión de su yugular. El mismo proyectil se incrustó en la pierna de Ismet, un empleado municipal ataviado con una bata azul marino, que saltaba de dolor sobre su pierna sana tapando el agujero de la bala con la mano para evitar desangrarse. Tras auxiliar a los heridos, el resto de la gente se limitó a esperar al blindado de protección de la ONU, como el que hace cola en la parada del autobús. El horror y la guerra también producen hábito.

A raíz de este hecho se planteó la necesidad de que la ONU proteja a los trabajadores que construyen las barricadas de protección contra los francotiradores. Pero la ONU asegura que no puede ofrecer este servicio. «Hemos decidido no prestar esta asistencia por el riesgo que supone para los soldados realizar estas actividades», dijo el coronel Gary Coward. Los francotiradores liquidan a la gente con fusiles Mauser de cerrojo -los más precisos, según los expertos- equipados con potentes miras telescópicas japonesas o alemanas. Los francotiradores han convertido Sarajevo en una gran reserva de caza humana, la más barata del mundo, dominada por el terror a la muerte instantánea. Los serbios no son los únicos que asesinan. Los bosnios hacen lo mismo desde las posiciones que controlan, aunque provocando un nivel muy inferior de bajas, según FORPRONU.

A los conductores les sudan las manos al atravesar los cruces por donde silban las balas. La gente sobrevive como puede en un eterno maratón. Correr para seguir viviendo. Saltar de un portal al agujereado contenedor que protege la siguiente esquina. Y desde allí, en la carrera de obstáculos por la vida, hasta el vehículo blindado de la ONU que avanza con los peatones para flanquear la siguiente bocacalle abierta a las posiciones serbias. Centenares de hombres y mujeres y decenas de niños han muerto en Sarajevo liquidados por los francotiradores.

Buena parte de los que disparan son gañanes de la montaña que, antes de la guerra, practicaban la caza -como dijo a este diario un francotirador serbio en el monte Trevevic- o paramilitares que han consumado sus fantasías criminales en el cerco de Sarajevo. Apuntan a la ingle, por donde pasa la arteria femoral, o al cuello. «De la metralla es posible protegerse si tienes tiempo de tirarte a una cuneta o buscar un portal. Pero contra los francotiradores no hay nada de hacer. Es una lotería repartida por criminales sin alma que nunca pagarán por haber matado a tanta gente», dice a EL MUNDO Medina Duracovic, maestra de un colegio cuyas ventanas tapadas con sacos terreros protegen a los niños de la metralla y los disparos de los terroristas militares.

En la noche del jueves un miembro irlandés de la Policía civil de FORPRONU resultó muerto y su compañero gravemente herido al estrellarse con un automóvil de la ONU en la Avenida de los Francotiradores. No fueron alcanzados por un «sniper». Según fuentes de las fuerzas de la ONU, el accidente fue provocado por exceso de alcohol en la sangre. Seguramente los dos policías de la ONU pretendían olvidar Sarajevo por unas horas.