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La ecología. Enzo Tiezzi y el Desarrollo sostenible

(De libro del autor:  El Poder en la era de Internet, Ed. Silex, 2016)

El nuevo paradigma de la lucha por la vida es un ciclo que nace; e inexorablemente este ciclo que nace reemplaza a otro ciclo que termina;  o para no entrar en discusiones teóricas sobre ciclos lo cierto es que se termina “una forma de hacer las cosas”. Muchos de los autores que venimos siguiendo coinciden en un punto: esta es una crisis sistémica. Y el consumismo sin límites –entre otras cosas-  de los sectores desarrollados del planeta ha puesto en riesgo la base misma del sistema que nació luego del crash de  1929, y luego de reinventarse con el Estado del Bienestar a partir de la 2da. Guerra mundial. La base de ese desarrollo y de ese consumismo  era la existencia de recursos naturales baratos. Pero como dice uno de los pensadores que previó la crisis mundial del 2010 y sobre todo la crisis española años antes de que ocurrieran: “Hemos querido romper un regla inmutable: la disponibilidad de recursos es lo que es, sin embargo hemos gastado más de los que nos correspondía, y ahora hay que pagar la factura; de ahí la fiebre, el decrecimiento, el crash”[1].

El consumo de recursos actual es insostenible; todo fue cambiando, y cambiará aún más en el futuro, con la crisis del 2008/10 que trajo una  imposición de limitaciones al uso y consumo de recursos, bien a través del aumento de precios, bien a través de la restricción o denegación de su consumo, lo que llevará consigo la muerte de muchas actividades económicas que se revelarán ineficientes cuando se les impida el desperdicio, porque el desperdicio, como concepto, se va a acabar. La falta de disponibilidad energética (petróleo y gas) así como de la mayor parte de los recursos esenciales para la actividad económica, acelerarán políticas tendentes a la determinación de las necesidades esenciales. Por lo que muy probablemente se implante la regulación en el consumo, el racionamiento, de muchos bienes. El objetivo último será el ahorro de recursos. La idea de ilusión, en el sentido de querer algo sólo por desearlo,         por   capricho, se acabará.) sitúan que en el año 2019 se habrán agotado el 90% de las reservas.

Y uno de los grandes estudiosos de este tema el profesor Enzo Tiezzi, a quien tuvimos el honor de conocer en la Universidad de Siena, y que fuera uno de los pioneros en el concepto de desarrollo sostenible, nos ha dejado algunas reflexiones en uno de sus mejores libros Tiempos históricos, tiempos biológicos (Ed. Fondo de cultura económica).

Eran los años apenas precedentes al desastre de Chernobyl, a los cuales siguieron los fervientes preparativos del referendumn de 1987 que finalmente obligaba a Italia a abandonar el uso de la energía nuclear

En el 1987 Enzo Tiezzi y Paolo Degli Espinosa editaban en Garzanti Los límites de la energía con premisas  actuales hasta hoy en día.

“Es la primera vez que los tiempos históricos, aquellos de la organización, del desarrollo científico y tecnológico, de la sociedad humana y de su expansión demográfica, interfieren con los tiempos biológicos, esto es, con los tiempos de la historia del planeta, de la vegetación, de la fauna, de las aguas, de la temperatura, del equilibrio biológico”, escribían los dos autores veinte años atrás.

Es triste constatar que el mundo desde entonces ha hecho poco y nada. Peor aún, del productivismo, la trampa del siglo en la que cayó la cultura occidental se aferró a lo hipercinético, a la proliferación de la energía cinética (nuclear, de ionización, potencial, etc.) el mal moderno de la sociedad capitalista.

El nuevo paradigma del que hablaba Thomas Kuhn, uno de los grandes filósofos de la ciencia, necesita el factor tiempo para ser realizado. Tiempo entendido como límite (algunos recursos están destinados inevitablemente a agotarse) pero también como un desafío para  reapoderarse.

El tiempo para vivir, con equilibrio y con lentitud pero también tiempo para conceder con urgencia a nuestra Madre Tierra para que pueda regenerarse y puedo así producir

Nuevamente aquellas energías y aquella materias primas indispensables para nuestra misma supervivencia.

Tiezzi analizó cómo el consumismo actual influye sobre el grado de dispersión y degradación de la energía (entropía)  y afecta a las dos leyes de la termodinámica:

1ra. ley termodinámica: balance general de la E. La E. no puede ser ni creada ni destruida. Y que aunque la energía permanece constante, se transforma continuamente en una sola dirección: de disponible a no disponible. Y de aquí se pasa a la  2da. ley: Uso de la Energía: capacidad de la E. para realizar trabajo. La E. se degrada y se dispersa en el ambiente.

“La factura entrópica de la era de la era industrial ya ha vencido”, dice también Rifkin (Ob. Cit. Pág. 23) poniendo en tela de juicio el desarrollo económico actual y la acumulación de emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera por la combustión de ingentes cantidades de combustibles fósiles.

En 1992, Rifkin lanzó la Campaña Beef Más allá, una coalición de seis grupos ecologistas como Green Peace, Rainforest Action Network, y Public Citizen, con el objetivo de fomentar una reducción del 50% en el consumo de carne de vacuno, con el argumento de que las emisiones de metano del ganado tiene un efecto calienta 23 a 50 veces mayor que el dióxido de carbono.

Como visionario Rifkin se adelanta a su tiempo, en agosto del 2014 el periódico The Guardian, publicó un artículo suyo que dice que puede que en un futuro muy próximo no habrá suficientes reservas hídricas para alimentar a los 9 mil millones que se espera que seamos para el 2050. Se basa en el infrome de Malik Falkenmark y sus colegas del Stockholm International Water Institute (SIWI) que dice que actualmente de media los humanos consiguen un 20% de las proteínas de productos animales o derivados. En el informe se dice que si no se reduce a un 5% habrá escasez de recursos y como consecuencia un crisis alimentaria mundial.

[1] Santiago Niño Becerra, El crash del 2010, toda la verdad sobre la crisis, Ed. Los libros del lince, Barcelona 2009.