Tags

Artículos relacionados

Comparte este artículo

PROGRES Y PROGRESISTAS

FRANCISCO UMBRAL

Apunta Raúl del Pozo una sabia diferencia entre progres y progre­sistas. Efectivamente, progresista es el indi­viduo, político o no, de pensamiento avanzado, o sencillamente de pensamiento, el que ha

dejado de ser rehén de cualquier superstición, incluso de la supers­tición progresista.

Esta democracia la trajo el progresismo tardofranquista de Fernández Miranda, Herrero Tejedor y Adolfo Suárez, con el rey Juan Carlos en la proa. E1 progresismo de aquellos hombres enlazó en seguida con el progre­sismo hisrórico, socialistas y comunistas, y España empezaba a desplegarse como un mapa, con esa grandeza cartográfica que tienen algunos momentos históricos.

Progresistas fueron Felipe González, Tierno Galván, Mar­celino Camacho, Santiago Carri­llo, Nicolás Redondo, Alfonso Guerra y tantos otros. Cuando el progresismo se convirtió en Poder dejó de ser progresismo, como pasa siempre (Rusia), por­que el Poder petrifica y el hecho de mandar es más importante que aquello que se manda. De modo que los mayores y mejores progresistas los encontramos hoy entre aquellos que no tienen Poder, no lo han tenido nunca o lo han perdido. La pasada por el Poder aburguesa en el mejor de los casos, y acanalla en el peor.

El verdadero progresismo tra­baja desde la oposición y la cul­tura. El progresismo instalado trabaja desde los medios, el apa­rato y la información. Informa­ción, hoy, es todo lo contrario de cultura.

Lo último que puede ocurrirle al progresista con mando es que­darse en progre. Es lo que les ha ocurrido a Almunia, Solana y el propio Felipe González. Ahí tienen a un progre mandando en la OTAN. Es una paradoja muy distraída. Solana fue el progre/ti­po del progresismo del 82. Lo que caractariza al progre es su hábil docilidad para adaptarse a todo. España ha estado gober­nada por progres que fueron progresistas, como ahora está gobernada por libera­les que fueron autori­tarios con Franco y contra la Constitución. Pero unos y otros han encontrado la oclusión de su pasado en las negras togas negras de los jueces. Ahora los malos son los jueces porque así conviene. En el mal nuevo, aun­que sea inventado, se hace solu­ble el mal viejo o de siempre.

Los progres creen que aquí hay un fondo progresista y que cuando Felipe vuelva esto va a ser la hostia. Porque el felipismo es ya una especie de sehacticrni.s­mo portugués, una leyenda con­solatriz que tiene razón: Felipe tiene que volver porque en rea­lidad no ha vuelto; ése que sale por la tele haciendo chistes y risas con la desgracia de sus silenciosos compañeros y entru­llados, ése no es Felipe Gonzá­lez, es un autista, un alter ego, uno que pasaba por allí. La para­noia crítica que Salvador Dalí fundó como sistema de la escri­tura surrealista, es una paranoia que se ha apoderado de Glez. Hace una lectura de la realidad, el GAL, los jueces, los medios y la Justicia que es paranoia crí­tica: una lectura al revés y por tanto más reveladora que cual­quier otra. Reveladora de que el ex presidente ha perdido el dis­curso.

Los progresistas del 82 murie­ron todos en las guerras del terrorismo de Estado o contra ellas, en las reyertas de la corrup­ción, que fueron una fiesta de crímenes en una mina de oro, y en la aventura bucanera del dinero negro, que nos ha hecho tan felices, y sobre todo a nues­tras novias, top models y nuevas fronteras de cama. Algunos pro­gresistas de cierto todavía andan por ahí diciendo verdades como los borrachos, o sea Anguita, Morán, Pablo Castellano y así. Pero hemos estado muchos años gobernados por progres, con sus amigos de farra, sus jarifas y sus móviles. Los señoritos con boti­nes de ahora quieren imitarles, pero me temo que ya es tarde para todos. Y para España.