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El fin del trabajo y la Renta Básica de Ciudadanía

(Del libro de autor: El Poder en la era de Internet, Ed. Silex, 2016)

El  Estado del Bienestar trajo muchos a la Europa de posguerra y la piedra angular de ese Estado del Bienestar era –además de la obra pública y el Pacto Social- el pleno empleo.- Diversos autores afirman que ese Estado del Bienestar ha llegado a su fin. Y dentro de este final se prevé el fin del pleno empleo. La mayor productividad producto de la automatización, la utilización de Internet en el e-trabajo y la exigencia de mayor capacitación de los trabajadores limitarán –dicen- sensiblemente la oferta de trabajo. Por ejemplo la descarga de un buque en el puerto de Londres requería, en  1970,  la participación de ciento ocho personas durante cinco días. Y en el año 2000 esa tarea la realizaban ocho personas en un sólo día. Tan sólo la población activa altamente especializada en tareas verdaderamente útiles y de alto valor añadido y capaz de desarrollar una alta productividad tendrá en los próximos años garantizado el acceso a un empleo a tiempo completo.[1]

En el año 2011 el 25% de la población activa mundial estaba sin empleo, subempleada o desmoralizada y ya no buscaba trabajo; y según la Organización Internacional del Trabajo más de 202 millones de personas estaban sin trabajo al final de 2013 (Rifkin , ob.cit pag. 155).

Fernando Zavater  se suma a esta inquietud y propone lo que vamos a desarrollar en este capítulo: la Renta Básica de Ciudadanía y dice si no habrá llegado la hora de empezar a pensar en una forma de ganarse la vida que no sea sólo mediante el trabajo. Quizá fuera necesario imponer un salario mínimo  y fijo que se cobrase por la simple razón de pertenecer a un grupo social. ES la llamada Renta Básica conocida también como “ingreso mínimo universal de ciudadanía”.

Y para terminar de probar que el problema existe y que está en seria duda el paradigma de pleno empleo para todos, también Jeremy Rifkin se suma a esta inquietud: “¿Qué haría la humanidad y, más importante aún, cómo definiría su futuro, si el empleo masivo y el trabajo profesional desaparecieran de la vida económica en un par de generaciones”. Y agrega que este interrogante ya se está planteando con seriedad en círculos intelectuales y del debate político.[2]

Si esto fuera cierto –que el empleo para todos se acaba- se pone sobre el tapete qué o cómo se suplantará. Entra en la discusión otra de las novedades que se están estudiando en muchos foros mundiales: la Renta Básica de Ciudadanía.

A partir de la década del ‘80 todas estas ideas, reflexiones y pensamientos, materializados en distintos protagonistas, se reunieron bajo un mismo concepto organizativo denominado BIEN (Basic Income European Network) o Red de Ingreso Básico Europeo.

Un grupo de investigadores y de sindicalistas próximos a la Universi­dad de Lovaina (Bélgica) presentó en aquel país un estudio sobre la organización laboral titulado “La renta básica” en un concurso organi­zado por la Fundación Rey Balduino en 1984.

La propuesta consistía en la creación de un ingreso pagado por el Estado, como parte del derecho de ciudadanía, a cada miembro residente de la sociedad, independientemente de cuáles fueran sus otras fuentes de ingreso, y sin hacer diferencia entre ricos y pobres o entre empleados y desempleados.

La idea original fue pre­miada en octubre de 1984. Al ver la cantidad de estudiosos que habían adherido a la idea propuesta -entre ellos, muchos de los que tuvieron un papel más activo en los inicios de la discusión- los participantes decidieron constituir la Red de Ingreso Básico Europeo (Basic Income Earth Network – BIEN); que comprende entre otras actividades la publi­cación de un boletín de información regular y la organización de un congreso cada dos años.

[1] Santiago Niño  Becerra, Ob.Cit. pag. 120

[2] Ob. Cit. Pág. 94.