Tags

Artículos relacionados

Comparte este artículo

El fin del poder tradicional

(Del libro del autor El Poder en la era de Internet, Ed. Silex, 2016)

Si hay un sector de la vida pública sobre la que ya no caben dudas de su crisis terminal y de la necesidad de  cambio es en la vida política. Y en especial en está en discusión un elemento de la vida política: la representación de la soberanía popular que ejercieron los Partidos políticos desde su creación.

El poder es la savia, el lei motiv de la política. Eso es cierto. Por eso si el poder está en crisis y aceptamos que se viene una nueva concepción del poder, entrará en crisis inevitablemente la propia acción política de la cual se nutre del poder. Errores propios y, fundamentalmente el alejarse de las necesidades y aspiraciones de la población han profundizado la grieta entre representantes y representados. Y –creemos- que ya no hay vuelta atrás. De esta crisis de la representación política no se saldrá de la misma forma en que se entró. Hay un fuerte impulso de la conciencia colectiva que va en dirección opuesta a los políticos profesionales. Internet vino a profundizar la crisis política. La generación que encontró su espacio político en Internet ha reventado las costuras. Ahora, un nuevo modelo de participación social amenaza  el inmovilismo y los fetiches de partidos, sindicatos y movimientos sociales tradicionales.

John Kenneth Galbraith  fue uno de los mejores tratadistas que analizaron el poder. Y además conoció la política desde adentro ya que fue el principal consejero de la administración del presidente Kennedy y embajador en la India desde 1961 hasta 1963, y presidente de la Americans Democratic Action, en 1967.

El poder de la personalidad ha dado –lamentablemente- líderes autoritarios y cegados por la “borrachera del poder”. Ha habido demasiados Mussolini y Hugo Chávez y pocos Mahatma Gandhi en la historia del poder que da la personalidad. También la propiedad, siguiendo la descripción de Galbraigth, está en cuestión. En el último capítulo se analiza la inmoral grieta que separa a los que menos ganan de los que más. Y en cuanto a la organización, Galbraigth señalaba como creencia en el poder al Ejército –entre otros. Pues también el poder militar está en entredicho. El profesor Naim trae en su libro El fin del poder innúmeros ejemplos de cómo las grandes estructuras militares han sido superadas por operaciones y estructuras pequeñas, ágiles y móviles.

Estos autores fueron forjadores de un pensamiento –en su momento- importante. Pero este análisis del poder ha quedado desactualizados con el advenimiento de la red. Lo mismo que Michel Foucault con su interesante –y en su momento revolucionaria -propuesta de que el poder está en todos lados y que no hay un centro del poder, sino un continum del poder que –inmediatamente- genera unas resistencias a ese poder. Foucault estudia hondamente el poder, rompiendo con las concepciones clásicas de este término. Para él, el poder no puede ser localizado en una institución, o en el Estado sino que está determinado por el juego de saberes que respaldan la dominación de unos individuos sobre otros al interior de estas estructuras.

Nosotros adherimos a la teoría del fin del poder de Moisés Naím. Ex director ejecutivo del Banco Mundial, ministro de Fomento de Venezuela, director del Banco Central de ese país, doctor por el MIT, ganador del Premio Ortega y Gasset de periodismo a la mejor trayectoria profesional y director de la revista Foreign Policy, Naím es uno de los más respetados analistas de la economía y la política internacional.

Dice Naim que los cambios del poder que él analiza en su libro han agudizado la corrosión de la autoridad y la moral, así como pusieron en discusión la legitimidad de los poderosos en general. Y que las actitudes hacia el poder y los poderosos están cambiando a gran velocidad. Hay una pérdida de confianza en los líderes políticos, “los expertos” y los medios de comunicación. Coincide con otras posturas analizadas en este libro en el sentido de que los ciudadanos creen más en los dirigentes sociales y en ellos mismos ya que están mejor informados y son más conscientes de las muchas opciones que ahora tienen. Para Naim llega a su fin  el poder tradicional que conocimos. Sostiene que:

El poder está sufriendo una transformación  fundamental que no se ha reconocido ni comprendido lo suficiente. Mientras los estados, las empresas, los partidos políticos, los movimientos sociales, las instituciones y los líderes rivalizan por el poder como ha hecho siempre, el poder en sí –eso por lo que luchan tan desesperadamente, lo que tanto desean obtener y conservar- está perdiendo eficacia. El poder se está degradando. En pocas palabras, el poder ya no es lo que era. En el siglo XXI, el poder es más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder

Sostiene que tres factores nuevos han revolucionado la concepción del poder tradicional:

-la revolución del más: se caracteriza por el aumento  y la abundancia de todo (aumenta el número de países, la población, el nivel de vida, las tasas de alfabetización, el incremento de la salud y la cantidad de productos, partidos políticos y religiones.

-la revolución de la movilidad: no solo hay más de todo sino que ese más (gente, productos, tecnología, dinero) se mueve más que nunca y a menor coste, y llega a todas partes, incluso a lugares que hasta hace poco eran inaccesibles, y

-la revolución de la mentalidad: hay grandes cambios en los modos de pensar, en las expectativas y aspiraciones que acompañarán a estas transformaciones.