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Ante el vano intento de manipular La Memoria Colectiva

“En una sociedad cerrada el poder no sólo se arroga el privilegio de controlar las acciones de los hombres –lo que hacen y lo que dicen.; aspira también a gobernar su fantasías, sus sueños y,  por supuesto, su memoria.

En una sociedad cerrada el pasado es, tarde o temprano, presente. La historia oficial, la única tolerada, es escenario de esas mágicas mudanzas que hizo famosa la enciclopedia soviética (antes de la perestroika): protagonistas que aparecen o desaparecen sin dejar rastros según eran redimidos o purgados por el poder, y acciones de los héroes y villanos del pasado que cambian, de edición  en edición, de signo, de valores y de sustancia, al compás del acomodo y reacomodo de las camarillas gobernantes el presente. Ésta es una práctica que el totalitarismo moderno ha perfeccionado pro no inventado.

Organizar la memoria colectiva; trocar la historia en instrumento de gobierno encargado de legitimar a quienes mandan y de proporcionar coartadas para su fechorías es una tentación congénita a todo poder. Los estados totalitarios pueden hacerla realidad.

En una sociedad cerrada la historia se impregna de ficción, pues se inventa y reinventa en función de la ortodoxia religiosa o política contemporánea, o, más rústicamente, de acuerdo a los caprichos de los dueños del poder”.

Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras, Ed. Alfaguara

 

“Es inconveniente llevar la historia ante la justicia ya que, como somos fruto de generaciones anteriores, también somos fruto de sus errores, pasiones y malentendidos, es más, de sus crímenes;  resulta imposible que nos lleguemos a liberar enteramente  de esta carga. Si condenamos estos errores y nos eximimos de culpa por ellos, no podemos ignorar que nuestra existencia está enraizada en los mismos (…), el conocimiento del pasado es sólo deseable si es útil para el futuro y el presente, no si debilita el presente o erradica un futuro vital”

Friedrich Nietzcche.